cerebro

No somos conscientes de hasta qué punto nos condiciona lo que hemos vivido en la infancia.
Todo lo que somos, la manera en que resovemos los conflictos, las emociones que nos desbordan,... todo ello responde a un archivo que tenemos grabado en el subconsciente y que sale en forma de sufrimiento cuando tenemos que enfrentarnos a situaciones que, si las analizamos de forma racional, no son graves tan pero las vivimos de una forma exacerbada.


El funcionamiento del cerebro está estructurado en tres capas o niveles:


- En el primero está lo racional, el pensamiento lógico , es donde se hallan las funciones cognitivas como el lenguaje. Está dividido en dos partes o hemisferios: izquierdo o racional y derecho o creativo.


- En el segundo lo emocional, entre otras estructuras, lo forman el hipocampo, donde se fija la memoria emocional y la amígdala, responsable de disparar el miedo ante determinados estímulos.


- En el tercero lo reptiliano donde se encuentra el hipotálamo, que regula las conductas más instintivas y primarias, como el sexo o el hambre.

Cuando somos niños no tenemos la capacidad de gestionar nuestras emociones, nuestro cerebro olvida, por mera supervivencia, las situaciones traumáticas que vivimos para evitar el sufrimiento pero aunque hayamos olvidado la situación concreta, el daño que sufrimos generó una herida que permanece y que nos va a condicionar en la vida adulta.

A la mayoría de las personas a las que se les pregunta si su infancia fué feliz, responderán que sí y así es como su cerebro lo tiene registrado porque todo lo que de niños nos hizo daño lo hemos olvidado, lo hemos borrado de nuestro disco duro.

La parte racional del cerebro no lo identifica pero en la parte emocional está grabado y ante determinados estímulos la parte reptiliana nos hará reaccionar de formas, a veces exageradas e incomprensibles.

Indagar en nuestra infancia puede darnos las claves para entender porqué a veces sufrimos, porque hay cosas que nos hacen tan felices y porque trazamos el recorrido de nuestro camino de una manera y no de otra.
Tambien nos condiciona a la hora de elegir a nuestros compañeros de viaje. Es muy probable que nuestra pareja tenga una personalidad muy parecida a la del progenitor más influyente en nuestra niñez.


La inquietud por conocer qué pasó en nuestra infancia ha hecho  que aparezcan técnicas o pseudoterapias como las llamadas constelaciones familiares, enfocadas a navegar por el subconsciente. ¡Mucho cuidado con esto!
 Este tipo de terapias deben de ser realizadas por profesionales cualificados de la psicología, que sepan manejar la situación de una forma personalizada, nunca en grupo.
La terapia psicológica debería de ser obligatoria como la revisión dental anual.
 Al igual que vamos al dentista pensando que no tenemos ningun problema y salimos con dos empastes, una limpieza y, si te descuidas, una endodoncia, son sorprendentes las cosas que descubrimos en terapia, lo esclarecedor que puede llegar a  ser y cómo te ayuda en el funcionamiento diario para lidiar con todos los problemas que se nos presentan.