turnos rotativos

Habitualmente llevamos una rutina en la que, a unas horas determinadas, trabajamos, comemos y dormimos. Eso se llama ritmo circadiano y varía de unas personas a otras.
Todos conocemos personas que son más activas de noche y otras que les ocurre lo contrario  y, como las gallinas, bajan su actividad en cuanto oscurece.


Esto no sería problema si las jornadas laborales coincidieran con nuestros ritmos naturales  pero no siempre es así, hay veces que nos toca trabajar en turnos rotativos que nos rompen esos ritmos. Estamos diseñados para trabajar de día y dormir de noche y  cambiar esta pauta desajusta nuestro reloj biológico pero la economía manda y no siempre podemos cambiar los requerimientos del puesto que nos asignan así que no nos queda más remedio que adaptarnos y tener toda la información de los riesgos que conlleva y de lo que podemos hacer para paliar los efectos de esos turnos en nuestro organismo.


Estar atentos a las señales que nos mande el cuerpo es fundamental para tomar las medidas adecuadas cuando aparezcan síntomas de alarma porque si no paramos a tiempo, nuestro cuerpo nos parará en forma de enfermedad y somatizaremos el estrés al que estamos sometidos.
Lo ideal sería llevar siempre el mismo turno, sea cual sea, pues así  podemos adaptarnos progresivamente. Si tenemos que trabajar de mañana, aunque tengamos que madrugar, en unas semanas nos habremos habituado a acostarnos antes e iremos adaptando nuestro ritmo al horario exigido. Lo mismo ocurre con el horario de tarde en el que se ve más  afectado el ritmo de comidas, pues normalmente empieza la jornada a las horas en las que empezaríamos a comer.


El turno de noche es el que más afecta en todos los sentidos pues aunque se consiga adaptar los ritmos durante los días de trabajo, a la hora de compaginar vida social y familiar la cosa se complica,  los día de fiesta se intenta llevar unos horarios "normales" con lo que la vuelta al trabajo conlleva una nueva readaptación.


Y lo que resulta nefasto para nuestra salud son los cambios rotativos, más cuando son semanales. Tener que estar reajustando nuestro reloj biológico cada semana, a la larga puede pasarnos factura. Estos son algunos de los riesgos:


- El sistema inmunológico se debilita, aumentando el riesgo de contraer enfermedades de todo tipo.


- Podemos sufrir tanto insomnio como hipersomnolencia por la ruptura de ritmo circadiano.


- Aumento de la presión arterial por el estrés.


- Enfermedades cardiovasculares.


- Falta de concentración. Apatía, desmotivación.


- Irritabilidad, mal humor.


- Trastornos en el aparato digestivo como dolor de estómago, acidez e incluso úlceras.


- Envejecimiento prematuro al no estar funcionando correctamente la producción de antioxidantes naturales como la serotonina, hormona que regula los ritmos biológicos.

Poco podemos hacer si nos vemos obligados a cumplir turnos rotativos pero utilizando el sentido común haremos que sean más llevaderos.

- Intentar mantener los horarios de comidas lo más regulares posible.

- Si tenemos que dormir de día bajar las persianas y ponernos antifaz tapando los ojos para que la luz no nos perturbe.

- El silencio tambien es importante, si no lo conseguimos en nuestro entorno, utilizaremos tapones para los oídos.

- Tomar alimentos y sustancias estimulantes como la cafeína en los turnos de noche para mantener la atención.

- Los fines de semana cambiar el ritmo acercándonos al que corresponda a ese lunes próximo.

- Hacer deporte los ratos libres, generaremos dopaminas que mejorarán nuestro estado de ánimo.

Y buscar otro trabajo en el que no haya que hacer turnos a la vez que compramos lotería.

Mientras una de estas dos cosas suceden, tomar suplementos que nos ayuden a mantener la vitalidad hará que la jornada sea más llevadera. La maca andina o el ginseng rojo coreano nos darán la energía que nos falta.

   maca estimulante

ginseng estimulante